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- - Darío - 07-12-2018

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RE: Politicofobia - GuntherIgnatius - 07-12-2018

En la literatura se habla de política y mucho. Incluso en obras muy comerciales. Lo que realmente es tabú es cuestionar determinadas ideas o criticar ciertas ideologías.
Por ejemplo, nadie va a tildar de politizado en España que retrates a los curas como un club de pederastas y puteros o que enfoques la Guerra Civil como republicanos=buenos y nacionales=malos. Te dirán que tu novela está politizada si criticas el aborto, defiendes la idea de España como nación o muestras discrepancias con el lobby gay o misándrico.


RE: Politicofobia - Comunicador - 07-12-2018

¿Es el grupo del foro? ya no me acordaba de él ¿me volvéis a meter? yo soy también alérgico a la política y tengo ahora mismo como 3 páginas explicando algo que incluye el por qué lo mejor seguramente sea no hablar nunca de ella, pero es algo que no creo que publique aquí por los mismos motivos.


RE: Politicofobia - sacachis - 07-12-2018

Deberías publicar eso que estas escribiendo acá y listo. De otra forma se fomenta lo que dijeron más arriba. Y al que no le gusta, no pasa nada. Que deje su opinión y listo.


RE: Politicofobia - Matyas_Dvorak - 12-12-2018

(07-12-2018, 05:21 PM)GuntherIgnatius escribió: En la literatura se habla de política y mucho. Incluso en obras muy comerciales. Lo que realmente es tabú es cuestionar determinadas ideas o criticar ciertas ideologías.
Por ejemplo, nadie va a tildar de politizado en España que retrates a los curas como un club de pederastas y puteros o que enfoques la Guerra Civil como republicanos=buenos y nacionales=malos. Te dirán que tu novela está politizada si criticas el aborto, defiendes la idea de España como nación o muestras discrepancias con el lobby gay o misándrico.

Exactamente ese es el problema, por lo que veo. Que parece que lo problemático no es la idea en si de hablar de política, sino el temor de que si se habla de política se acabe llegando a cuestionar ciertas ideas consideradas como inatacables.

Es decir, lo que molestaría no es el hecho en si de "hablar de política", sino el temor a que se llegue a tocar según que temas, lo que en historiografía se llama "revisionismo".

En este caso, se podría hablar de una especie de fobia al percibido como "revisionismo político", como si de alguna manera el hecho de debatir una idea concreta en un foro pueda conducir directamente a su derogación si es ley, o a su prohibición si no lo es.

Por otra parte, @Darío tiene mucha razón cuando habla de que se activan los egos. Sin embargo, no comparto la valoración de que la gente "no se prepara"; simplemente en ese momento no tienen los datos a mano.

Entiendo que está describiendo debates en chat de mensajería instantánea, donde prima la rapidez en contestar y simplemente no hay tiempo para elaborar mensajes largos y preparados, en los que se puedan incluir enlaces a fuentes. Más que nada porque puede pasar, y de hecho pasa, que te molestes en preparar un mensaje largo y elaborado, lo postees... y resulte que mientras lo preparabas la conversación ha derivado a otra cosa y el resto de la gente del chat se ponen a quejarse de que eres un pesado que se niega a aparcar el tema en cuestión.

Por otra parte, como consecuencia secundaria de "activar el lado irracional", ni siquiera el aspecto de las fuentes es del todo fiable. Muy a menudo me he encontrado "fuentes" que estaban completamente sesgadas a favor del lado político del que las publica, como definiciones del "patriarcado" y "lenguaje no sexista" extraídas de páginas feministas, o enlaces a entradas de Metapedia para apoyar la existencia del "lobby gay" y de la "conspiración judía". Lógicamente, cuando señalas lo muy sesgada que está la fuente, la reacción de la otra persona tiende a ser gritarte que "te jode que te digan las verdades a la cara" o cuestionar tu salud mental.

Otra cosa que también he visto y que no me gusta nada, es empeñarse en justificar en los referentes políticos propios lo que cuando lo hace otra persona criticas duramente, aferrándose en muchos casos a meros tecnicismos. Entre los ejemplos cabe reseñar el justificar la violencia ejercida por parte de los afines políticamente, considerando que es un ejercicio de "autodefensa", incluso en los casos de violencia gratuita y no provocada, mientras que la persona del otro lado que justifica la violencia política ejercida por sus afines está "defendiendo a fascistas/radicales de ultraizquierda" según quien lo sea. En este ejemplo en concreto se tiende a invocar la "paradoja de Popper", dándole una interpretación según la cual el simple hecho de no pensar como quien invoca la paradoja de Popper ya es en si mismo un ejercicio de intolerancia.

¿Resultado? A largo plazo, y si no se soluciona, el que dice Darío. De hecho, ya estamos viendo los inicios. Orson Scott Card señaló muy acertadamente en "Imperio" que "De algún modo hemos conseguido dividirnos en dos corduras distintas y mutuamente excluyentes. La gente de cada sociedad se afianza en su locura, convencida de ideas insustanciales que a menudo se contradicen no sólo entre sí sino también por las pruebas objetivas que existen sobre la cuestión. En vez de ser una sociedad permanentemente adaptable por consenso a la realidad, nos hemos convertido en una nación de locos capaces de ver sólo la locura del otro bando. ¿Lleva esto, inevitablemente, a la guerra civil? Por supuesto que no: aunque tampoco lleva a un gobierno estable ni a la continuación a largo plazo de la democracia. Lo que inevitablemente surge de la división es el intento por parte de un grupo, completamente convencido de su rectitud, de usar todas las fuerzas coercitivas disponibles para aplastar los puntos de vista contrarios".

Card estaba describiendo la sociedad estadounidense, pero lo que describe claramente se puede aplicar fuera, debido sobre todo al empeño terco del resto de sociedades del mundo en imitar todo lo que viene de los Estados Unidos, sin importar cuan impráctico, contradictorio o directamente estúpido e inaplicable sea en realidad.

En Europa ya se están empezando a ver los efectos de este empeño en dividir a la sociedad en dos grupos antagónicos y en asumir que el que no comparte las propias ideas es porque "debe de ser estúpido, o está engañado o tener algún interés oculto".

Ni todos los LGBT son parte del "lobby gay" (De existir este, en todo caso sería como las élites capitalistas, una minoría selecta que comprende como mucho el 1% de la comunidad LGBT), ni todos los religiosos son antiaborto (En serio, me toca mucho la moral ese empeño en asumir eso, más que nada porque no estoy seguro de que postura apoyar y me toca las narices que se me presuponga que soy "pañuelo verde" en cuanto digo que no tengo religión), ni todos los ateos son inmorales, ni... etcétera.

Solo queda esperar que esto no llegue más lejos, pero desde luego negándonos a hablar de política de manera racional lo único que vamos a conseguir es enquistar el problema, no solucionarlo.


RE: Politicofobia - Odradek - 12-12-2018

Siento muy poca inclinación a hablar de política, además de por mis intereses literarios y filosóficos, alejados del tema, también por algunas de las razones que das en tu explicación, Darío, breve y muy bien ajustada para condensar o esbozar algunas de las claves del tema de la discusión o falta de discusión política.
                Es cierto que hay reticencia a hablar y es cierto lo contrario, que se habla demasiado. Si, de forma ingenua, lo más ingenua posible, definimos la política como la ciencia que estudia las variedades de formas de gobierno, la organización social, etc., podemos hablar de forma abstracta y general y opinar, razonar nuestras opiniones y contrastar puntos de vista. Ahí puede haber debates, pero seguramente no discusiones tan encarnizadas como las que se dan en las discusiones sobre actualidad política. En éstas últimas, las opiniones se mantienen desde posiciones ideológicas contrarias, o incompatibles, partiendo de una realidad considerada injusta o insatisfactoria. Si la discusión política tratara sobre la mejor forma de organización de la sociedad, no habría tantas discusiones, o serían discusiones más técnicas y menos viscerales.
                El bien de la sociedad como algo abstracto es siempre infinitamente susceptible de ser definido en función de valoraciones sobre el ser humano por parte de quien opina. Precisamente, la diversidad de opiniones es muestra de esa diversidad humana difícilmente armonizable. Por ejemplo, los temas de la delincuencia, las drogas, la pobreza, la distribución de los bienes, etc., dependiendo de la ideología, los valores éticos, y la mentalidad, en general, de quien opine, las responsabilidades de determinadas situaciones consideradas injustas recaen en unos o en otros. Eso da lugar a posiciones encontradas y discusiones sin fin. Estas discusiones políticas son, por otra parte, una vía de escape de malestar y frustración, resentimientos y rabia contenida, por lo que, (en esta frase puede haber algo de ironía, o no, según lo vea quien lee), cumplen también su función psicológica y social, sin duda alguna, al menos en las personas dadas a discutir sobre estos temas.
                Si a la gente más inclinada a la discusión política de la actualidad de un determinado momento y lugar le proponemos antes dialogar y aclarar cuestiones de pensamiento político de forma abstracta, probablemente ocurrirá alguna de estas dos cosas: o bien reconducen esa teoría abstracta a la actualidad con nombres y casos concretos, posicionándose en su intención discutidora para atacar y defender; o bien no tendrán la más mínima intención de conversar así, pues para ellos eso no es hablar de política, sino de abstracciones teóricas que no conducen a nada, lo que hay que resolver son los temas candentes, desde la lucha ideológica.
                De todas formas, el tema, aun en su versión más abstracta, teórica y erudita, tiende a suscitar bastante discusión, porque entra en juego la opinión sobre la conducta humana, la ética, y otras cuestiones como lo correcto o incorrecto que cada sociedad y cultura entiende de forma particular, a veces con grandes diferencias, aparte da las propias diferencias entre los miembros de una determinada sociedad. Es aquí donde, como humanos que somos, más tendemos a ver las cosas desde una perspectiva demasiado personal y, como ocurre en las discusiones sobre la política del momento actual, culpar a quienes no piensan y sienten como nosotros de los males de la sociedad.


RE: - - Lázara - 09-01-2019

La gente ya no habla de política. Se limita a encasillarte en izquierda/derecha, o comunista/nazi, o liberal/facha.
Ahí termina todo el debate político. Nadie ve más allá de las superideologías, nadie ve más allá de dos polos.

Si no te adscribes a uno de los dos polos, te adjudican ellos uno.
Si criticas a los dos polos, te adjudican ellos uno.

Necesitan esa distinción para debatir y, una vez hecha la criba, una vez te han pasado por el tamiz, una vez ya eres una pieza de ajedrez (o blanca, o negra, en casilla blanca o casilla negra), ya no hay nada más de lo que debatir.

La gente no debate de política, sino que resuelve la dicotomía en la que se desarrolla su pensamiento político y eso, como debate... es aburridísimo.